viernes, 16 de enero de 2026

Gobernar desde la confrontación o liderar desde la cercanía: el contraste político en Puebla

 Gobernar desde la confrontación o liderar desde la cercanía: el contraste político en Puebla


Por Fernando Sandoval

Analista Político


Mientras en Puebla el discurso político desde el ámbito estatal se ha endurecido y ha optado por la señalización pública de los gobiernos municipales, en San Andrés Cholula se construye una narrativa distinta: la del liderazgo que suma, dialoga y convoca, encabezado por la presidenta municipal Guadalupe Cuautle Torres.

Esta semana, la visita de Margarita Zavala a San Andrés Cholula no fue un simple acto partidista. Representó un mensaje político claro: el reconocimiento a un liderazgo local que ha logrado cohesionar a las bases sociales y partidistas del PAN, en un contexto donde la polarización se ha convertido en la constante desde el gobierno del estado.

“San Andrés Cholula hoy es un municipio con rumbo, con orden y con una presidenta que escucha”, expresaron asistentes al encuentro panista, quienes destacaron que el liderazgo de Cuautle Torres “no se construye desde la confrontación, sino desde el trabajo cotidiano”.

El contraste con el gobernador Alejandro Armenta es inevitable. Desde el inicio de su administración, el mandatario estatal ha optado por un discurso reiterado de descalificación hacia los ediles, señalándolos como responsables de rezagos estructurales que, en muchos casos, provienen de administraciones pasadas o de políticas centralizadas que no han dado resultados.

“En lugar de respaldar a los municipios, el gobernador ha preferido exhibirlos”, señalan actores políticos locales, quienes consideran que esta estrategia genera desgaste institucional y rompe la coordinación que debería existir entre niveles de gobierno.

En San Andrés Cholula, la percepción ciudadana va en sentido contrario. De acuerdo con opiniones recabadas entre vecinos y liderazgos sociales, la administración de Guadalupe Cuautle Torres ha mantenido una relación cercana con la población, priorizando el diálogo comunitario y la gestión directa.

“Aquí sí vemos a la presidenta en las juntas auxiliares, escuchando, resolviendo”, comenta una representante vecinal, quien añade que “no gobierna desde el escritorio ni desde la confrontación política”.

Este nivel de aceptación social explica por qué figuras nacionales del PAN, como Margarita Zavala, han volteado a ver a San Andrés Cholula como un referente de reorganización política, en momentos donde el partido busca recuperar confianza ciudadana frente a un gobierno estatal que ha privilegiado el discurso antes que los resultados visibles.

La crítica no es menor: mientras el gobernador Armenta insiste en marcar distancia con los municipios, incluso con aquellos que han mostrado avances, Guadalupe Cuautle Torres ha optado por fortalecer las estructuras locales sin victimizarse ni caer en la provocación, enviando un mensaje político de madurez y responsabilidad institucional.

“No se trata de pelear con el estado, se trata de gobernar bien”, coinciden panistas y ciudadanos, quienes ven en la alcaldesa una figura que entiende que el poder se legitima en la calle, no en el micrófono.

En los escenarios políticos que se avecinan, este contraste podría convertirse en un factor determinante. La ciudadanía comienza a diferenciar entre quienes señalan desde arriba y quienes resuelven desde abajo. En ese tablero, San Andrés Cholula emerge como un ejemplo de que el liderazgo municipal, cuando es cercano y efectivo, puede ganar aceptación social incluso en medio de un entorno político adverso.

Guadalupe Cuautle Torres no solo consolida su liderazgo dentro del PAN; consolida, sobre todo, una narrativa que hoy parece escasa en Puebla: gobernar con resultados, sin confrontar a la ciudadanía ni usar a los municipios como blanco político.

Gobernar desde la confrontación o liderar desde la cercanía: el contraste político en Puebla

En Puebla se está configurando un contraste político cada vez más evidente entre dos formas de ejercer el poder. Por un lado, un gobierno estatal encabezado por Alejandro Armenta, que ha optado por el señalamiento constante, la descalificación pública y la narrativa de confrontación hacia los presidentes municipales; por el otro, gobiernos locales como el de San Andrés Cholula, donde la presidenta municipal Guadalupe Cuautle Torres ha consolidado un liderazgo basado en la cercanía ciudadana, la articulación política y la construcción de consensos.

La reciente visita de Margarita Zavala a San Andrés Cholula no debe leerse como un simple acto partidista. Es, en el fondo, un mensaje político que incomoda al poder estatal: el PAN se reorganiza desde lo local, y lo hace alrededor de liderazgos municipales que hoy gozan de aceptación social y capacidad de convocatoria, justo lo que escasea en un gobierno estatal más preocupado por imponer narrativa que por generar coordinación institucional.

Mientras el gobernador Alejandro Armenta ha hecho de la crítica a los ediles una práctica recurrente —acusándolos de ineficiencia, omisión o falta de resultados—, la ciudadanía comienza a preguntarse si esta estrategia responde realmente a un afán de mejora o si, por el contrario, es un intento de concentrar poder y deslindarse de responsabilidades estatales.

“El gobernador habla mucho de lo que no hacen los municipios, pero poco de lo que el estado deja de apoyar”, señalan actores políticos locales.

La crítica no es gratuita. En lugar de fortalecer a los ayuntamientos como primera línea de atención ciudadana, el gobierno estatal ha optado por exhibirlos públicamente, debilitando la gobernabilidad y rompiendo los canales de colaboración que Puebla necesita. Esta lógica de confrontación no solo erosiona a los gobiernos municipales, también desgasta la relación con la ciudadanía, que percibe un gobierno más enfocado en el discurso que en la solución de problemas cotidianos.

En contraste, Guadalupe Cuautle Torres ha construido su liderazgo sin estridencias ni victimización política. Su gobierno ha privilegiado el contacto directo con las juntas auxiliares, los sectores sociales y las estructuras partidistas, entendiendo que el poder municipal se legitima en el territorio, no en las conferencias.

“Aquí sí vemos a la presidenta, aquí sí regresa”, comentan ciudadanos de San Andrés Cholula, quienes destacan que la administración municipal mantiene canales abiertos de diálogo y atención.

Este nivel de aceptación social explica por qué figuras nacionales como Margarita Zavala han volteado a ver a San Andrés Cholula como un espacio estratégico. No se trata solo de PAN, se trata de liderazgos locales que funcionan, algo que hoy representa una amenaza silenciosa para un gobierno estatal que pretende monopolizar la narrativa del cambio.

El problema para el gobernador Armenta es que su discurso comienza a agotarse. Señalar a los presidentes municipales puede funcionar como estrategia mediática de corto plazo, pero no resuelve los problemas estructurales de Puebla: inseguridad, movilidad, rezago educativo, obras de bajo impacto social y una evidente falta de coordinación entre dependencias estatales.

“Gobernar no es señalar, es resolver”, coinciden ciudadanos y analistas.

La aceptación ciudadana de Guadalupe Cuautle Torres no surge del discurso, sino de la práctica. Y esa diferencia es clave. Mientras el gobernador apuesta por el control político y la descalificación, desde San Andrés Cholula se envía un mensaje incómodo pero contundente: se puede gobernar bien sin confrontar, se puede liderar sin imponer.

En los escenarios políticos que se avecinan, este contraste pesará. La ciudadanía comienza a distinguir entre quienes utilizan el poder para marcar adversarios y quienes lo usan para generar resultados. Si el gobernador Alejandro Armenta insiste en gobernar desde la confrontación, corre el riesgo de quedarse solo con el micrófono, mientras los liderazgos municipales —como el de Guadalupe Cuautle Torres— avanzan con la legitimidad que otorga la calle.

Hoy, San Andrés Cholula no solo es un municipio gobernado por el PAN; es un referente político que exhibe, sin necesidad de confrontar abiertamente, las carencias de un gobierno estatal que ha confundido autoridad con imposición.

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