Sosapach

viernes, 27 de marzo de 2026

Especial: análisis.

 

OPINIÓN | PUEBLA

Puebla: el gobierno que decidió confrontar a su propio electorado

Por Redacción

La política tiene reglas no escritas que, cuando se ignoran, terminan por cobrarse en las urnas. Una de ellas es simple: nunca confrontes a quienes te dieron el poder. En Puebla, esa regla parece haber sido deliberadamente desechada.

El gobierno estatal ha optado por una narrativa que, lejos de construir, divide. Lejos de reconciliar, confronta. Y lo más grave: no confronta a sus adversarios, sino a sectores de la propia ciudadanía.

La historia política demuestra que ese camino no conduce a la consolidación del poder, sino a su desgaste acelerado.

La insistencia en discursos reciclados ha dejado de ser efectiva. Hoy, esas frases no movilizan: cansan.

La ciudadanía no exige narrativas, exige resultados.

En la región cholulteca, la utilización de programas sociales ha comenzado a generar inquietud.

Cuando la ayuda social se cruza con la estrategia electoral, la línea se rompe.

La política convertida en espectáculo no resuelve los problemas reales.

El error estratégico radica en confundir movilización con respaldo.

El costo inevitable: votos.

Puebla no necesita más discursos. Necesita gobierno.

En política, todo se cobra. Y no hay factura más cara que la que se paga en las urnas.



 

Puebla: el costo de confrontar al electorado y la peligrosa normalización de la política simulada

 

Fernando Sandoval

Analista Egresado de la UNAM

 

 

 

 

 

El reiterado y desgastado discurso de la crítica sin propuesta no solo ha perdido eficacia, sino que se ha vuelto contraproducente, incluso en términos electorales. En un contexto donde la ciudadanía exige resultados tangibles, insistir en narrativas negativas —como “acabar con los moches” o “terminar con las milpas”— sin acompañarlas de soluciones concretas, revela una estrategia limitada y anclada en el pasado.

 

Más aún, resulta contradictorio que se utilicen como bandera obras o proyectos que en su momento fueron señalados, pero que hoy ni siquiera cuentan con autorización formal, ni han sido ejecutados por quienes ahora los promueven. Este tipo de incongruencias no fortalece el debate público; por el contrario, erosiona la credibilidad institucional y política.

 

En el caso del gobierno estatal, se percibe una tendencia preocupante hacia la construcción de discursos polarizantes. Si bien los programas comunitarios impulsados parten de un objetivo loable —atender necesidades sociales y fomentar la participación ciudadana—, su implementación se ve debilitada por las formas y los actores que los operan. La metodología, lejos de consolidar cohesión social, corre el riesgo de fragmentarla.

 

A esto se suma la persistencia de figuras políticas que, sin haber demostrado resultados claros ni conexión auténtica con la ciudadanía, continúan en una lógica de promoción personal: buscar reelegirse, postularse o autoproponerse. Esta dinámica no responde a una vocación de servicio, sino a una estrategia de permanencia en el poder.

 

Preocupa también la instrumentalización de la población mediante prácticas que rozan lo simbólico y lo condicionado: solicitudes de fotografías con gestos específicos, participación dirigida o representaciones forzadas que buscan construir una narrativa favorable. Estas acciones, lejos de empoderar a la ciudadanía, pueden interpretarse como mecanismos de control político, orientados a justificar la gestión de recursos bajo una lógica clientelar.

 

El verdadero reto no está en organizar a la población, sino en representarla con autenticidad. No se trata de movilizar para un fin político, sino de escuchar, atender y resolver. Sin empatía, sin resultados y sin propuestas claras, cualquier discurso —por más repetido que sea— está destinado a perder legitimidad.

 

 

En política, hay errores que se pagan en el corto plazo y otros que se acumulan silenciosamente hasta convertirse en derrotas inevitables. Confrontar a quienes otorgaron el voto es, sin duda, uno de los más costosos. En Puebla, el gobernador Alejandro Armenta parece transitar por esa ruta, en la que el discurso polarizante sustituye al ejercicio de conciliación que exige el mandato democrático.

 

La lógica del poder no debería ser la confrontación permanente, sino la construcción de gobernabilidad. Como advertía Max Weber, “la política es la lenta perforación de duras tablas con pasión y mesura al mismo tiempo”. Esa mesura hoy parece ausente en un entorno donde la narrativa pública privilegia el antagonismo sobre la solución.

 

El desgaste de la narrativa y la pérdida de legitimidad

 

El problema no es únicamente de forma, sino de fondo. Cuando el discurso político se reduce a la crítica reiterativa sin propuesta, se vacía de contenido y pierde eficacia. La insistencia en frases recicladas —“acabar con los moches”, “terminar con las prácticas del pasado”— sin acompañarlas de resultados tangibles, genera un efecto inverso: cansancio social.

 

La ciudadanía ya no responde a consignas, sino a evidencias. Y en ese vacío, la percepción pública se vuelve determinante. En el ámbito nacional e internacional, los señalamientos —aunque se enmarquen en el terreno de lo “presunto”— hacia figuras como el ex presidente Andrés Manuel López Obrador por posibles vínculos con estructuras del crimen organizado, han contribuido a erosionar la narrativa moral que durante años sostuvo a un proyecto político.

 

No se trata de validar acusaciones, sino de entender su impacto. Como bien señala Hannah Arendt, “el poder corresponde a la capacidad humana no solo de actuar, sino de actuar concertadamente”. Cuando esa acción colectiva se fractura por la desconfianza, el poder pierde su base más importante: la legitimidad.

 

La región cholulteca: organización social o ingeniería electoral

En la región cholulteca, el fenómeno adquiere matices particularmente delicados. La operación de estructuras vinculadas a programas sociales, bajo el argumento del bienestar comunitario, ha comenzado a generar dudas legítimas.

 

La participación de actores como Raymundo Cuautli en la integración de comités comunitarios abre una discusión necesaria: ¿se está fortaleciendo el tejido social o se está configurando una base de operación política con miras a procesos electorales futuros?

 

Organizar, sectorizar y conocer el mapa social no es, en sí mismo, cuestionable. Es parte de cualquier política pública eficaz. Sin embargo, cuando estas prácticas coinciden con dinámicas de movilización política, la sospecha emerge de manera inevitable. Más aún cuando se percibe que la “buena fe” ciudadana es utilizada como mecanismo de control o de alineación.

 

Como lo advertía Pierre Bourdieu, “el poder simbólico es un poder invisible que solo puede ejercerse con la complicidad de quienes no quieren saber que lo sufren”. En ese sentido, la delgada línea entre participación social y manipulación política no debe ser ignorada.

 

La política convertida en espectáculo

El deterioro se profundiza cuando los actores políticos encargados de representar a la ciudadanía no cumplen con su función sustantiva. Diputados señalados por ausentismo o baja productividad legislativa encuentran en las redes sociales un refugio mediático, sustituyendo el trabajo institucional por la exposición digital.

 

La política, reducida a una lógica de espectáculo —una suerte de farándula “tiktokera”—, no solo banaliza el ejercicio público, sino que ofende a una ciudadanía que enfrenta problemas reales: inseguridad, desigualdad, falta de servicios y oportunidades.

 

En palabras de Giovanni Sartori, “la democracia se debilita cuando la política se convierte en espectáculo”. Y Puebla no es la excepción. La distancia entre representantes y representados se amplía cuando la agenda pública se sustituye por la agenda digital.

 

El riesgo electoral: del respaldo al castigo

El mayor riesgo para el gobierno estatal no es la crítica externa, sino el desgaste interno. La pérdida de empatía con la ciudadanía que otorgó el voto puede traducirse, inevitablemente, en un voto de castigo.

 

La historia política es clara: los gobiernos que se alejan de la gente, que priorizan la simulación sobre los resultados y que confunden movilización con representación, terminan pagando el precio en las urnas.

 

Porque el voto no es un cheque en blanco. Es un mandato condicionado a resultados, a congruencia y, sobre todo, a respeto.

 

Entre la simulación y la realidad

Puebla enfrenta un momento definitorio. No basta con organizar a la población; es necesario representarla con autenticidad. No basta con construir estructuras; se requiere construir confianza.

 

La política no puede seguir operando bajo la lógica de la simulación ni del control disfrazado de participación. La ciudadanía ha evolucionado, y con ella, sus expectativas.

 

El mensaje es claro: sin resultados, sin empatía y sin congruencia, cualquier proyecto político —por sólido que parezca— corre el riesgo de desmoronarse.

 

Porque al final, como bien lo entendía Abraham Lincoln, “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo” no admite simulaciones. Y cuando estas se vuelven evidentes, el juicio ciudadano suele ser implacable.

 

¿Hasta Cuando?

 


miércoles, 25 de marzo de 2026

Sosapach fortaleciendo el consumo de agua 2026


San Pedro Cholula, Puebla | 25 de marzo de 2026 | No 09



SOSAPACH fortalece alianzas en el Foro Estatal del Día Mundial del Agua 2026 💧

El organismo participó en el encuentro convocado por la CEASPUE, donde su director general, Francisco Flores Campos, sostuvo un diálogo con titulares de servicios de agua de la entidad para intercambiar estrategias y fortalecer la gestión hídrica.

Bajo el lema “Donde fluye el agua, crece la igualdad”, el foro reunió a representantes del sector hídrico, académico y gubernamental, promoviendo soluciones ante los retos del estiaje y el crecimiento urbano.

SOSAPACH reafirma su compromiso con un servicio eficiente, transparente y sostenible para las y los habitantes de San Pedro Cholula.

El Sistema Operador de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado de San Pedro Cholula (SOSAPACH) participó en la jornada inaugural del Foro en Conmemoración del Día Mundial del Agua 2026, con el propósito de fortalecer la gestión hídrica y consolidar la colaboración interinstitucional en la entidad.

En su calidad de integrante de la Asociación de Organismos Operadores del Estado de Puebla, el organismo, representado por su director general, Francisco Flores Campos, sostuvo encuentros de trabajo con titulares de organismos operadores de agua, orientados al intercambio de experiencias, estrategias operativas y soluciones técnicas para mejorar la eficiencia en la prestación del servicio.

El foro, convocado por la Comisión Estatal de Agua y Saneamiento del Estado de Puebla (CEASPUE), reunió a representantes de los sectores gubernamental, académico y técnico, quienes coincidieron en la importancia de fortalecer la coordinación institucional para atender los retos derivados del estiaje y el crecimiento urbano.

Con su participación, SOSAPACH refrenda su compromiso con el desarrollo sostenible del sector hídrico y con la implementación de acciones que contribuyan a garantizar un servicio eficiente, transparente y equitativo para la población de San Pedro Cholula.





 

lunes, 23 de marzo de 2026

AMPLIARÁ PUEBLA PROTECCIÓN Y ATENCIÓN A MIGRANTES POBLANOS EN MADRID Y HOUSTON

 Comunicado 1554/2026 

Lunes 23 de marzo de 2026


AMPLIARÁ PUEBLA PROTECCIÓN Y ATENCIÓN A MIGRANTES POBLANOS EN MADRID Y HOUSTON


- Las cuatro Casas de Representación “Por Amor a Puebla” ubicadas en Estados Unidos otorgaron asesoría legal a 7 mil paisanos. 



CIUDAD DE PUEBLA, Pue. -  Con el propósito de ampliar la atención y protección a las y los migrantes poblanos, el Gobierno del Estado instalará ventanillas de atención en Madrid, España, y en Houston, Texas, con lo que se fortalece el respaldo institucional a las y los paisanos en el exterior.


El gobernador Alejandro Armenta Mier destacó que estas acciones fortalecerán el respaldo institucional a las y los paisanos en el exterior y subrayó la relevancia estratégica de España como aliado clave para Puebla.


Al destacar que Puebla cuenta con una amplia comunidad española, Alejandro Armenta Mier señaló que uno de los objetivos de estos espacios es impulsar la exportación de los productos Cinco de Mayo hacia Europa, así como ampliar y consolidar su presencia en el mercado de Houston, Texas.


El director del Instituto Poblano de Asistencia al Migrante (IPAM), David Espinoza Rodríguez, informó que las Casas de Representación “Por Amor a Puebla”, ubicadas en Los Ángeles, California; el Bronx, Nueva York; Passaic, Nueva Jersey; y Chicago, Illinois, brindaron el año pasado atención a 7 mil poblanos que requirieron asesoría legal. Asimismo, recordó que estos inmuebles fueron rehabilitados y que la sede de Illinois fue inaugurada recientemente.


Explicó que desde las Casas de Representación, se apoya a las y los migrantes poblanos en la gestión de documentos oficiales que les permitan conservar sus empleos o regularizar su situación migratoria; además, señaló que operan como módulos consulares móviles.


El director del IPAM destacó que el Instituto a la fecha ha firmado convenios de colaboración con 168 ayuntamientos, con el propósito de facilitar a las y los migrantes la obtención de documentación oficial.

Especial: Puebla, confrontar al electorado, el error que se paga en las urnas

 



OPINIÓN | ANÁLISIS POLÍTICO NACIONAL

Puebla: confrontar al electorado, el error que se paga en las urnas

El discurso polarizante, la operación territorial y la simulación política perfilan un escenario de desgaste para el gobierno estatal rumbo a futuras elecciones.

Por Redacción | Para  Medios Nacionales

 

La política tiene reglas no escritas que, cuando se ignoran, terminan por cobrarse en las urnas. En Puebla, el gobierno estatal ha optado por una ruta de confrontación que no distingue entre adversarios y ciudadanos.

El problema no es menor. Cuando un gobierno decide tensar la relación con su propia base electoral, deja de gobernar para todos y comienza a gobernar para una narrativa.

El discurso repetitivo, anclado en viejas consignas, ha dejado de ser eficaz. Hoy no moviliza: desgasta.

A esto se suma un contexto nacional complejo, donde los señalamientos —aunque sean en calidad de presuntos— han alcanzado a figuras centrales del proyecto político que hoy gobierna. En política, la percepción pesa más que la explicación.

En la región cholulteca, la operación territorial mediante estructuras sociales levanta cuestionamientos legítimos. La integración de comités y la sectorización de la población pueden interpretarse no como política pública, sino como estrategia electoral anticipada.

La línea es clara: cuando el bienestar se mezcla con la operación política, la confianza se fractura.

Mientras tanto, actores legislativos con bajo rendimiento encuentran refugio en redes sociales, sustituyendo el trabajo institucional por presencia digital. La política convertida en espectáculo.

Pero la realidad no se gobierna con videos.

El error de fondo es estratégico: confundir movilización con respaldo. Creer que la estructura sustituye a la legitimidad.

No lo hace.

Porque el ciudadano organizado hoy, es el votante crítico mañana.

Y el voto no se simula.

Se ejerce.

Puebla enfrenta así un riesgo evidente: que el desgaste no provenga de la oposición, sino de la decepción interna.

Porque en política, todo se cobra.

Y cuando se cobra en las urnas, no hay narrativa que lo contenga.



Puebla: el costo de confrontar al electorado y la peligrosa normalización de la política simulada

 

Fernando Sandoval

Analista Egresado de la UNAM

 

 

 

El reiterado y desgastado discurso de la crítica sin propuesta no solo ha perdido eficacia, sino que se ha vuelto contraproducente, incluso en términos electorales. En un contexto donde la ciudadanía exige resultados tangibles, insistir en narrativas negativas —como “acabar con los moches” o “terminar con las milpas”— sin acompañarlas de soluciones concretas, revela una estrategia limitada y anclada en el pasado.

 

Más aún, resulta contradictorio que se utilicen como bandera obras o proyectos que en su momento fueron señalados, pero que hoy ni siquiera cuentan con autorización formal, ni han sido ejecutados por quienes ahora los promueven. Este tipo de incongruencias no fortalece el debate público; por el contrario, erosiona la credibilidad institucional y política.

 

En el caso del gobierno estatal, se percibe una tendencia preocupante hacia la construcción de discursos polarizantes. Si bien los programas comunitarios impulsados parten de un objetivo loable —atender necesidades sociales y fomentar la participación ciudadana—, su implementación se ve debilitada por las formas y los actores que los operan. La metodología, lejos de consolidar cohesión social, corre el riesgo de fragmentarla.

 

A esto se suma la persistencia de figuras políticas que, sin haber demostrado resultados claros ni conexión auténtica con la ciudadanía, continúan en una lógica de promoción personal: buscar reelegirse, postularse o autoproponerse. Esta dinámica no responde a una vocación de servicio, sino a una estrategia de permanencia en el poder.

 

Preocupa también la instrumentalización de la población mediante prácticas que rozan lo simbólico y lo condicionado: solicitudes de fotografías con gestos específicos, participación dirigida o representaciones forzadas que buscan construir una narrativa favorable. Estas acciones, lejos de empoderar a la ciudadanía, pueden interpretarse como mecanismos de control político, orientados a justificar la gestión de recursos bajo una lógica clientelar.

 

El verdadero reto no está en organizar a la población, sino en representarla con autenticidad. No se trata de movilizar para un fin político, sino de escuchar, atender y resolver. Sin empatía, sin resultados y sin propuestas claras, cualquier discurso —por más repetido que sea— está destinado a perder legitimidad.

 

 

En política, hay errores que se pagan en el corto plazo y otros que se acumulan silenciosamente hasta convertirse en derrotas inevitables. Confrontar a quienes otorgaron el voto es, sin duda, uno de los más costosos. En Puebla, el gobernador Alejandro Armenta parece transitar por esa ruta, en la que el discurso polarizante sustituye al ejercicio de conciliación que exige el mandato democrático.

 

La lógica del poder no debería ser la confrontación permanente, sino la construcción de gobernabilidad. Como advertía Max Weber, “la política es la lenta perforación de duras tablas con pasión y mesura al mismo tiempo”. Esa mesura hoy parece ausente en un entorno donde la narrativa pública privilegia el antagonismo sobre la solución.

 

El desgaste de la narrativa y la pérdida de legitimidad

 

El problema no es únicamente de forma, sino de fondo. Cuando el discurso político se reduce a la crítica reiterativa sin propuesta, se vacía de contenido y pierde eficacia. La insistencia en frases recicladas —“acabar con los moches”, “terminar con las prácticas del pasado”— sin acompañarlas de resultados tangibles, genera un efecto inverso: cansancio social.

 

La ciudadanía ya no responde a consignas, sino a evidencias. Y en ese vacío, la percepción pública se vuelve determinante. En el ámbito nacional e internacional, los señalamientos —aunque se enmarquen en el terreno de lo “presunto”— hacia figuras como el ex presidente Andrés Manuel López Obrador por posibles vínculos con estructuras del crimen organizado, han contribuido a erosionar la narrativa moral que durante años sostuvo a un proyecto político.

 

No se trata de validar acusaciones, sino de entender su impacto. Como bien señala Hannah Arendt, “el poder corresponde a la capacidad humana no solo de actuar, sino de actuar concertadamente”. Cuando esa acción colectiva se fractura por la desconfianza, el poder pierde su base más importante: la legitimidad.

 

La región cholulteca: organización social o ingeniería electoral

En la región cholulteca, el fenómeno adquiere matices particularmente delicados. La operación de estructuras vinculadas a programas sociales, bajo el argumento del bienestar comunitario, ha comenzado a generar dudas legítimas.

 

La participación de actores como Raymundo Cuautli en la integración de comités comunitarios abre una discusión necesaria: ¿se está fortaleciendo el tejido social o se está configurando una base de operación política con miras a procesos electorales futuros?

 

Organizar, sectorizar y conocer el mapa social no es, en sí mismo, cuestionable. Es parte de cualquier política pública eficaz. Sin embargo, cuando estas prácticas coinciden con dinámicas de movilización política, la sospecha emerge de manera inevitable. Más aún cuando se percibe que la “buena fe” ciudadana es utilizada como mecanismo de control o de alineación.

 

Como lo advertía Pierre Bourdieu, “el poder simbólico es un poder invisible que solo puede ejercerse con la complicidad de quienes no quieren saber que lo sufren”. En ese sentido, la delgada línea entre participación social y manipulación política no debe ser ignorada.

 

La política convertida en espectáculo

El deterioro se profundiza cuando los actores políticos encargados de representar a la ciudadanía no cumplen con su función sustantiva. Diputados señalados por ausentismo o baja productividad legislativa encuentran en las redes sociales un refugio mediático, sustituyendo el trabajo institucional por la exposición digital.

 

La política, reducida a una lógica de espectáculo —una suerte de farándula “tiktokera”—, no solo banaliza el ejercicio público, sino que ofende a una ciudadanía que enfrenta problemas reales: inseguridad, desigualdad, falta de servicios y oportunidades.

 

En palabras de Giovanni Sartori, “la democracia se debilita cuando la política se convierte en espectáculo”. Y Puebla no es la excepción. La distancia entre representantes y representados se amplía cuando la agenda pública se sustituye por la agenda digital.

 

El riesgo electoral: del respaldo al castigo

El mayor riesgo para el gobierno estatal no es la crítica externa, sino el desgaste interno. La pérdida de empatía con la ciudadanía que otorgó el voto puede traducirse, inevitablemente, en un voto de castigo.

 

La historia política es clara: los gobiernos que se alejan de la gente, que priorizan la simulación sobre los resultados y que confunden movilización con representación, terminan pagando el precio en las urnas.

 

Porque el voto no es un cheque en blanco. Es un mandato condicionado a resultados, a congruencia y, sobre todo, a respeto.

 

Entre la simulación y la realidad

Puebla enfrenta un momento definitorio. No basta con organizar a la población; es necesario representarla con autenticidad. No basta con construir estructuras; se requiere construir confianza.

 

La política no puede seguir operando bajo la lógica de la simulación ni del control disfrazado de participación. La ciudadanía ha evolucionado, y con ella, sus expectativas.

 

El mensaje es claro: sin resultados, sin empatía y sin congruencia, cualquier proyecto político —por sólido que parezca— corre el riesgo de desmoronarse.

 

Porque al final, como bien lo entendía Abraham Lincoln, “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo” no admite simulaciones. Y cuando estas se vuelven evidentes, el juicio ciudadano suele ser implacable.

 

¿Hasta Cuándo?

 


viernes, 20 de marzo de 2026

SOSAPACH informa en marzo 2026

 BOLETÍN DE PRENSA

San Pedro Cholula, Puebla | 12 de marzo de 2026 | No. 07



SOSAPACH informa sobre afectaciones temporales en el suministro de agua por temporada de estiaje

El Sistema Operador de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado de San Pedro Cholula (SOSAPACH) informa a la ciudadanía que, con el inicio de la temporada de calor, ha comenzado el periodo de estiaje en el municipio, fenómeno natural que impacta principalmente a las zonas ubicadas a mayor altitud.

Derivado de estas condiciones, los pozos de abastecimiento registran una disminución aproximada del 5% en su capacidad de producción, lo que podría generar variaciones temporales en el suministro de agua potable en algunas áreas.

Las zonas que podrían presentar mayores afectaciones son Momoxpan y la cabecera municipal, especialmente en sectores situados en partes elevadas.

Ante este panorama, SOSAPACH implementará medidas de apoyo mediante el suministro de agua a través de pipas, priorizando las zonas más afectadas, con el objetivo de garantizar el acceso al vital líquido y mitigar las posibles afectaciones a la población.

Asimismo, se exhorta a la ciudadanía a tomar previsiones, hacer un uso responsable del agua y fortalecer las prácticas de almacenamiento doméstico, a fin de enfrentar de mejor manera este periodo.

SOSAPACH refrenda su compromiso con la población de San Pedro Cholula, manteniendo una comunicación constante e implementando acciones oportunas para asegurar la continuidad del servicio.


Fomenta SOSAPACH la cultura del cuidado del agua en la niñez cholulteca



Estudiantes participan en actividades educativas en el marco del Día Mundial del Agua


San Pedro Cholula, Puebla; 20 de marzo de 2026.


 En el marco de la conmemoración del Día Mundial del Agua, a celebrarse el próximo 22 de marzo, el Sistema Operador de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado de San Pedro Cholula (SOSAPACH) llevó a cabo actividades con estudiantes del Centro Escolar Licenciado Miguel Alemán (CELMA), con el objetivo de fomentar la cultura del cuidado del agua desde edades tempranas.


A través de dinámicas lúdicas y educativas, las y los alumnos adquirieron conocimientos sobre la importancia del uso responsable del agua y su impacto en la vida cotidiana, tanto en el ámbito escolar como en el hogar.


Durante la actividad, el director de SOSAPACH, Francisco Flores Campos, destacó que el agua es un recurso esencial y limitado, por lo que su cuidado representa una responsabilidad compartida entre autoridades y ciudadanía.


Actualmente, el organismo operador brinda servicio a más de 33 mil usuarios, distribuyendo aproximadamente 524 mil metros cúbicos de agua al mes, lo que refleja la importancia de fortalecer la conciencia sobre su uso responsable.


Asimismo, se subrayó que, ante la temporada de estiaje, es fundamental reforzar las acciones de cuidado del agua, debido a que la disminución de lluvias incrementa la demanda del recurso.


En el evento participaron el Sistema DIF Municipal de San Pedro Cholula y la Dirección de Ecología, quienes se sumaron a las actividades de sensibilización dirigidas a la comunidad estudiantil.


Con estas acciones, SOSAPACH refrenda su compromiso de promover la cultura del cuidado del agua, contribuyendo a la formación de nuevas generaciones más responsables y comprometidas con el medio ambiente.







miércoles, 18 de marzo de 2026

Tonantzin Fernández lidera aprobación en Puebla: cercanía, resultados y confianza ciudadana

Tonantzin Fernández lidera aprobación en Puebla: cercanía, resultados y confianza ciudadana

“Cuando el gobierno escucha, actúa y responde, la confianza deja de ser promesa y se convierte en resultado.” Sandoval.



Fernando Sandoval 
Analista político, egresado de la UNAM


En un contexto donde la confianza en las autoridades locales suele ser volátil, la presidenta municipal de Tonantzin Fernández Díaz ha logrado consolidarse como la alcaldesa mejor evaluada del estado, de acuerdo con la más reciente medición de Demoscopia Digital correspondiente al mes de febrero.

Con un 60.1% de aprobación ciudadana, la edil de San Pedro Cholula encabeza el ranking estatal, reflejando un nivel de respaldo que no solo habla de percepción, sino de una gestión activa, cercana y con resultados visibles.



Liderazgo respaldado por la ciudadanía

El estudio denominado “Ranking de Alcaldes” posiciona a Tonantzin Fernández por encima de otros presidentes municipales relevantes como José Chedraui Budib, Alejandro Barroso Chávez, Lupita Cuautle Torres y Juan Manuel Alonso Ramírez.

Más allá del número, el dato refleja un elemento fundamental en la política contemporánea:
la confianza ciudadana construida a partir de acciones concretas.


Seguridad, obras y programas sociales: una gestión integral

Uno de los pilares de la actual administración ha sido el fortalecimiento de la seguridad pública, con la incorporación de 33 nuevas patrullas, el aumento del estado de fuerza policial y la implementación de operativos permanentes de vigilancia.

A la par, el gobierno municipal ha impulsado más de 40 obras públicas, orientadas a mejorar la infraestructura urbana y la calidad de vida de las y los cholultecas.

En el ámbito social, destacan programas dirigidos a sectores prioritarios:

  • Personas con discapacidad

  • Mujeres jefas de familia

  • Jóvenes universitarios

  • Infancias

Estas acciones reflejan una visión de gobierno que no solo atiende necesidades inmediatas, sino que apuesta por el desarrollo humano y la inclusión.

 Cercanía que construye confianza

Uno de los elementos mejor evaluados por la ciudadanía es la cercanía de la administración municipal. Iniciativas como el programa “Miércoles del Pueblo” han permitido establecer un canal directo entre autoridades y habitantes, fortaleciendo la atención y respuesta a las demandas sociales.

Este tipo de ejercicios no solo humanizan el servicio público, sino que consolidan un modelo de gobierno abierto, participativo y sensible.

Cholula: referente regional en transformación

El posicionamiento de San Pedro Cholula dentro del ranking también confirma la relevancia de la zona metropolitana de Cholula, integrada junto con San Andrés Cholula, como uno de los polos más dinámicos del estado.

En este contexto, la administración encabezada por Tonantzin Fernández ha apostado por fortalecer no solo la seguridad y los servicios, sino también el desarrollo económico y turístico, consolidando al municipio como un referente regional.

Metodología que respalda el resultado

De acuerdo con Demoscopia Digital, el estudio se realizó mediante mil llamadas telefónicas a personas mayores de 18 años, seleccionadas de manera aleatoria, con un margen de error de ±3.8% y un nivel de confianza del 95%.

Estos parámetros otorgan solidez estadística a un resultado que hoy posiciona a San Pedro Cholula en el centro del escenario político estatal.

En conclusión: resultados que generan confianza

El liderazgo de Tonantzin Fernández Díaz en este ranking no es casualidad. Es resultado de una combinación de factores:
acciones concretas, cercanía con la ciudadanía y una visión clara de desarrollo.

En un entorno donde la exigencia social es cada vez mayor, mantener altos niveles de aprobación representa no solo un logro, sino un compromiso permanente.

San Pedro Cholula hoy no solo destaca en los indicadores,
sino en la percepción de una ciudadanía que reconoce avances y apuesta por la continuidad del trabajo.


¿Crisis turística y cultural en la región Cholulteca? ¿administrativa, jurídica, o de planeación, desarrollo y gobernanza?

 ¿Crisis turística y cultural en la región Cholulteca?  ¿administrativa, jurídica,  o de planeación, desarrollo y gobernanza?


Fernando Sandoval


Analista político y Egresado de la UNAM

Seguimos con la Historia y con las necesidades y hay que  resaltar:


La crisis de la región Cholulteca  no es solo administrativa: es jurídica, porque vulnera principios constitucionales de planeación, desarrollo y gobernanza, sostienen algunos expertos.

Cholula: dos municipios, un mismo sistema que no está funcionando

No es solo San Andrés Cholula.
Es también San Pedro Cholula pero hay muchos municipios que están pasando por este fenómeno a causa de una aculturación deformada.

en el caso de la región, dos municipios separados en lo administrativo, pero profundamente unidos en lo histórico, lo cultural, lo social y, hoy también, en algo más preocupante: una misma crisis estructural que se ha normalizado.

Porque hay que decirlo sin rodeos:

Cholula no es pobre.
Cholula está mal organizada, mal planificada… y, en muchos casos, áreas operadas por pésimos funcionarios, sin experiencia, improvisando y sin trayectoria profesional y laboral.

Estamos hablando de un territorio que concentra una de las herencias más importantes de Mesoamérica, con un símbolo como la Gran Pirámide, con tradiciones vivas que no han desaparecido pese al paso del tiempo, con universidades, crecimiento urbano, inversión inmobiliaria y cercanía con una capital estatal dinámica.

Es decir, tiene todo.

Y aun así, no despega cómo debería.

¿Por qué?

Porque el problema nunca ha sido la falta de recursos, sino la ausencia de un modelo claro de desarrollo territorial.

Pero también hay que decirlo, falta de interes por invertir en la cultura y en el turismo.

Hoy, tanto en San Andrés como en San Pedro, lo que existe es una suma de decisiones aisladas, sin articulación, sin continuidad y, muchas veces, sin entendimiento del territorio.

El resultado es visible para cualquiera que camine Cholula:

Calles cerradas sin lógica.
Vialidades reducidas sin alternativas.
Ciclovías mal integradas.
Entradas bloqueadas los fines de semana.
Eventos sin planeación.
Comercio desordenado.
Turistas desorientados.

Y en medio de todo eso, una constante: la falta de orden.

Porque un destino turístico no se define por lo que tiene, sino por cómo lo organiza.

Hoy el visitante llega a Cholula, pero no encuentra un sistema que lo guíe. No hay señalética suficiente, no hay rutas claras, no hay integración entre lo histórico, lo cultural y lo comercial.

Camina, observa… pero no necesariamente consume.

Y cuando no consume, la economía local no se activa.

Ese es el verdadero problema.

Se ha confundido la llegada de visitantes con desarrollo económico.
Y no son lo mismo.

El turismo sin estructura es turismo de paso.
Y el turismo de paso no transforma nada.

Mientras tanto, las decisiones en materia de movilidad han terminado por afectar directamente a quienes sostienen el territorio: los comerciantes, los vecinos, los trabajadores.

Reducir carriles sin estudios, cerrar calles clave sin rutas alternas, desordenar los accesos… todo eso tiene una consecuencia directa:

Menos flujo.
Menos visibilidad.
Menos ventas.

Y sin ventas, no hay economía local.

A esto se suma otro factor delicado: el desorden en el comercio.

Espacios saturados, falta de regulación efectiva, presencia de comerciantes externos sin integración al tejido local. No se trata de excluir, se trata de ordenar.

Porque cuando no hay reglas claras, la derrama económica no se queda en Cholula. Se fuga.

Y entonces ocurre lo absurdo: un lugar con alta actividad… pero con bajo beneficio para su propia gente.

En paralelo, la cultura ha sido mal entendida.

En lugar de ser un eje económico, se ha convertido en un recurso político.
Eventos repetidos, ferias sin identidad, conciertos costosos que duran unas horas pero no construyen nada a largo plazo.

Se privilegia el impacto inmediato sobre la estrategia.

Se busca llenar plazas, no desarrollar territorios.

Y eso es un error.

Porque la verdadera riqueza de Cholula no está en traer artistas.
Está en lo que ya existe: sus tradiciones, su gastronomía, sus barrios, su historia viva.

Pero para que eso funcione, se necesita algo básico: orden, visión y respeto.

No existe inversión en productores no solo de gastronomía, sino de arte, de cultura, de música, de canto, de danza local. Tenemos recursos humanos pero no son fomentados. No hay  programas de literatura, narrativa y poesía. Cuenta cuentos solo enmarca el grado  de aprendizaje y enseñanza que se tiene.

Especialmente en un tema que pocos se atreven a tocar con claridad: la relación entre gobierno y religión.

Las festividades religiosas —las bajadas, las ferias patronales, las celebraciones tradicionales— no pertenecen al gobierno. Pertenecen a la comunidad. Los gobiernos deben aportar, no organizar, es incluir y adaptarse sin ser el reflector principal.

El Estado es laico.

Eso no es un detalle menor. Es un principio constitucional.

El gobierno debe facilitar, garantizar seguridad, ordenar… pero no intervenir más allá de eso. No apropiarse, no protagonizar, no politizar lo que es expresión de fe.

Cuando esa línea se cruza, se genera un desequilibrio:
se distorsiona la tradición y se debilita la institución.

Y aun así, la gente muchas veces no confronta. No porque no vea el problema, sino porque la fe pesa más que la inconformidad.

Pero el problema sigue ahí.

Y no es solo social o político.

Es también legal.

Porque la Constitución establece claramente que los municipios deben planear, ordenar y promover el desarrollo. Las leyes de turismo, movilidad y desarrollo urbano refuerzan esa obligación.

Cuando no hay planeación, cuando no hay orden territorial, cuando no hay infraestructura básica, no estamos frente a un simple error administrativo.

Estamos frente a un incumplimiento.

Y eso cambia todo.

Porque entonces ya no es solo una crítica.

Es un señalamiento estructural.

Cholula —San Andrés y San Pedro, así como otros municipios— no necesitan reinventarse, tampoco se necesita vender una marca porque solo estamos reflejando ignorancia de pretender vender una zona comercialmente y no  como una identidad  humana y de desarrollo pluricultural.

Se necesita reconocerse.

Entender que:


la movilidad es economía,
que el turismo es sistema,
que la cultura es desarrollo,
y que la identidad no es discurso… es herramienta.

Necesita dejar de operar por ocurrencias y empezar a construir con método.

Menos eventos y más estructura.
Menos improvisación y más planeación.
Menos promoción vacía y más orden territorial.

Porque el problema no es lo que Cholula es.

El problema es que no se está sabiendo poner  perfiles con curriculum adecuados al trabajo, menos tener asesores con la proyección necesaria, porque Cholula  ya tiene todo.

En verdad cuando dos municipios comparten historia, territorio y destino… Crecerán sus comunidades no los entes gubernamentales.

Siempre, también comparten errores,

entonces ya no es coincidencia.

Es un sistema que necesita cambiar.

Y con urgencia. 


Si los funcionarios de Fomento Economico, Cultura, Educación, Turismo, Comuniciación  Social, Servicios Municipales y el propio cabildo con sus regidores no se involucren a crear y mejorar, estran destinados a tomarse las mejores fotos que solo serán recuerdos de sus propios egos sin historia y sin huella.


viernes, 13 de marzo de 2026

Equinoccio, memoria y verdad: la historia no debe recortarse.

Equinoccio, memoria y verdad: la historia no  debe recortarse. 

Fernando Sandoval


 Con la llegada del Equinoccio, vuelve también la discusión sobre cómo contamos nuestra historia y cómo decidimos representarla en el presente. Esta vez, se ha planteado retirar del discurso y de la representación pública el tema del sacrificio, a petición de la presidenta Tonantzin Fernández. La decisión puede entenderse desde una lógica institucional, turística o incluso de sensibilidad social; sin embargo, la historia no puede maquillarse a conveniencia ni contarse por partes solo para hacerla más digerible.

La historia debe ser narrada como fue: cruda, compleja, contradictoria y profundamente humana. Negar que en los pueblos originarios existieron prácticas rituales de sacrificio sería tan falso como reducir toda la grandeza de las civilizaciones prehispánicas a ese solo aspecto. Ambas posturas son simplistas, cómodas y peligrosas. Porque ni nuestros ancestros fueron únicamente sabiduría, astronomía y armonía, ni la conquista española fue solamente barbarie, saqueo y destrucción. La verdad histórica, aunque incomode, exige matices.

Nuestra propia cultura está hecha de contrastes. Está formada por luces y sombras, por esplendor ceremonial y por violencia ritual, por resistencia indígena y por imposición colonial. Negar cualquiera de esas partes no fortalece la identidad; la debilita. Nos vuelve una sociedad que prefiere el relato decorado antes que la memoria completa.

Tampoco se puede negar el mestizaje. México no se entiende sin la mezcla entre españoles e indígenas, una fusión dolorosa, conflictiva y muchas veces impuesta, pero también definitiva en la construcción de lo que hoy somos. Pretender borrar una de esas raíces por corrección política, por narrativa ideológica o por conveniencia discursiva, es seguir deformando la historia.

El Equinoccio no tendría que ser solo una postal turística, ni un espectáculo recortado para no incomodar sensibilidades. Debería ser también una oportunidad para reflexionar sobre lo que fuimos, lo que somos y lo que todavía nos cuesta aceptar. Porque honrar el pasado no significa inventarle pureza, sino mirarlo de frente.

Si se quiere exaltar la riqueza cultural de nuestros pueblos originarios, que se haga con dignidad y verdad. Pero que no se caiga en la tentación de censurar lo incómodo para construir una versión edulcorada del pasado. La historia no está para agradar a los gobiernos en turno, sino para enseñarnos, incluso cuando duele.

Por ello, se tiene que replantear:

Equinoccio, memoria y verdad: la historia no se debe recortar para que resulte cómoda

Se acerca nuevamente el Equinoccio, uno de los momentos más simbólicos, visitados y publicitados en la región de Cholula. Como cada año, el fenómeno convoca no solo a turistas, visitantes y creyentes de distintas corrientes espirituales, sino también a autoridades, organizadores y promotores culturales que buscan dar forma a la narrativa pública de este acontecimiento. Sin embargo, esta vez el debate no gira únicamente en torno al flujo turístico, a la organización del evento o a la derrama económica. Hay un punto de fondo mucho más delicado: la intención de retirar el tema del sacrificio de la representación y del discurso histórico, a petición de la presidenta Tonantzin Fernández.

La decisión, desde luego, puede explicarse políticamente. Puede justificarse bajo el argumento de proyectar una imagen más armónica, más amable y más digerible del pasado indígena. Puede también venderse como una acción para evitar la estigmatización de los pueblos originarios o como una estrategia para centrar la atención en la riqueza cultural, astronómica, ceremonial y espiritual de las civilizaciones prehispánicas. Pero una cosa es contextualizar la historia con responsabilidad, y otra muy distinta es mutilarla para que encaje en el guion político o turístico del momento.

La historia no está para ser adornada según convenga. No está para ser rebajada a propaganda institucional, ni para quedar reducida a una versión apta para actos públicos, ceremonias oficiales o campañas de promoción cultural. La historia, si ha de ser útil, debe ser contada como es: áspera, contradictoria, luminosa en ocasiones, brutal en otras, pero siempre compleja. La memoria no sirve cuando se selecciona con criterios de comodidad. Sirve cuando obliga a pensar.

Y aquí es donde hay que ser claros. Negar que en diversas culturas mesoamericanas existieron prácticas de sacrificio ritual sería intelectualmente deshonesto. Sería un intento de embellecer el pasado para ajustarlo a sensibilidades contemporáneas. Pero también sería igual de falso, injusto y reduccionista pretender que las grandes civilizaciones originarias pueden resumirse únicamente a sangre, violencia y sacrificio. Ese ha sido, durante siglos, uno de los vicios más perversos de la mirada colonial: reducir la profundidad filosófica, arquitectónica, agrícola, astronómica, religiosa y comunitaria de los pueblos indígenas a una sola de sus expresiones rituales, para así justificar su sometimiento, su evangelización forzada y su destrucción cultural.

Por eso el problema no es hablar del sacrificio. El problema es cómo se habla de él. Si se le menciona sin contexto, se cae en la caricatura. Si se le borra por completo, se cae en la falsificación. Y entre la caricatura y la falsificación, lo único que pierde es la verdad.

La historia de los pueblos originarios de esta tierra no necesita maquillajes. Necesita ser defendida con conocimiento, con seriedad y con profundidad. Necesita que se diga que hubo un desarrollo extraordinario de la astronomía, de la observación del tiempo, del calendario, del culto a la naturaleza, de la organización ceremonial y del sentido comunitario. Pero necesita también que se reconozca que esos mundos no eran utopías exentas de violencia. Como no lo fue ninguna civilización antigua. Como tampoco lo fue la Europa que llegó con espada y cruz a imponer un nuevo orden.

Porque aquí conviene decir algo que a veces incomoda a quienes prefieren una historia dividida entre buenos absolutos y malos absolutos: ni los pueblos originarios fueron una pureza ideal e incontaminada, ni los españoles representaron una sola cara uniforme del mal. La historia real no funciona en esos términos. Nuestra cultura, nuestra identidad y nuestra propia composición social nacen precisamente de una tensión histórica brutal entre dos mundos que se enfrentaron, se destruyeron, se mezclaron y se transformaron mutuamente.

México no puede entenderse sin esa mezcla. Nos guste o no, nuestra raíz es mestiza. Y decirlo no implica celebrar la violencia de la conquista ni minimizar el sometimiento indígena. Implica reconocer un hecho histórico que dio lugar a la nación que hoy existe. Somos resultado de una fusión conflictiva, dolorosa, desordenada y muchas veces impuesta entre lo indígena y lo español. Pretender borrar cualquiera de esos componentes es una forma de mentira. Y toda mentira histórica, por elegante que parezca, termina teniendo consecuencias políticas.

Hoy vivimos tiempos en los que con demasiada facilidad se intenta reescribir el pasado para adaptarlo a narrativas ideológicas presentes. A veces se romantiza el mundo prehispánico como si hubiese sido una civilización perfecta, ajena a toda contradicción. Otras veces se reivindica la herencia hispánica sin asumir el peso de la imposición, la violencia y el despojo. En ambos casos hay manipulación. En ambos casos hay una voluntad de usar la historia no para comprendernos, sino para acomodar discursos.

Y eso es exactamente lo que no debería ocurrir con el Equinoccio en Cholula, un espacio que no solo tiene valor turístico o ceremonial, sino también un peso histórico y simbólico enorme. Cholula no es un escenario vacío al que se le pueda poner cualquier relato dependiendo de la agenda del año. Cholula es un territorio cargado de memoria, de sincretismo, de dolor, de resistencia, de sustitución religiosa, de permanencias culturales y de reinvenciones colectivas. Ahí conviven la pirámide y el templo, la raíz indígena y la marca colonial, la espiritualidad ancestral y la apropiación posterior del espacio sagrado. Es, quizás, uno de los lugares donde la mezcla de mundos se ve con mayor claridad.

Por eso resulta delicado que desde el poder público se decida qué parte de la historia debe decirse y cuál debe callarse. Porque cuando un gobierno, una autoridad municipal o cualquier figura pública empieza a administrar la memoria en función de conveniencias narrativas, se cruza una línea peligrosa. Se deja de promover cultura y se empieza a diseñar un relato oficial. Y los relatos oficiales, por regla general, tienden a excluir lo que incomoda.

La petición de eliminar el tema del sacrificio puede parecer menor para algunos. Puede parecer apenas un ajuste simbólico dentro de un acto o de una representación. Pero en realidad abre una discusión más profunda: ¿queremos una historia completa o una historia utilitaria? ¿Queremos ciudadanos capaces de entender la complejidad de su pasado o audiencias complacidas con una versión simplificada para el consumo masivo? ¿Queremos memoria o espectáculo?

Porque eso también hay que decirlo: muchas veces el Equinoccio se ha convertido más en una postal que en una reflexión. Más en una escenificación comercial y políticamente rentable que en una oportunidad genuina para pensar el pasado. Se vende una experiencia espiritual, energética, turística o identitaria, pero pocas veces se asume la responsabilidad de abrir conversaciones serias sobre el origen profundo de esos símbolos. Se convoca a la celebración, pero no necesariamente al entendimiento.

Y es precisamente ahí donde las autoridades deberían actuar con mayor madurez. No para cancelar aspectos de la historia, sino para explicarlos mejor. No para censurar, sino para contextualizar. No para imponer un silencio sobre lo incómodo, sino para evitar que lo incómodo sea presentado con morbo, ignorancia o sesgo. Esa sería una posición responsable: reconocer la totalidad del pasado y ofrecer herramientas para comprenderlo. Lo otro, lo fácil, es limpiar el discurso y dejar solo aquello que produce aplausos.

Se entiende que ningún gobierno quiera promover una visión grotesca o reducida de las culturas originarias. Eso sería inadmisible. Pero una cosa es rechazar la estigmatización, y otra muy distinta caer en la omisión deliberada. El reto está en narrar con verdad, no en censurar con diplomacia.

Además, hay un riesgo político en estas decisiones simbólicas: tratar de administrar la historia desde el poder suele terminar por polarizar aún más a la sociedad. Porque mientras unos celebran una narrativa más “respetuosa”, otros perciben una manipulación. Y en medio de ese conflicto, lo que debería ser patrimonio común se convierte en campo de disputa ideológica. La historia deja de ser una herramienta de conocimiento y se vuelve un instrumento de conveniencia.

No se honra a los pueblos originarios ocultando sus contradicciones. Se les honra reconociendo su grandeza completa, con sus aportes inmensos y también con las prácticas que hoy pueden resultar difíciles de mirar. No se dignifica el pasado inventándole pureza. Se le dignifica aceptando que toda civilización humana, incluso las más admirables, tuvo claroscuros. Y lo mismo vale para la historia colonial y para la historia nacional posterior.

Porque si vamos a hablar con honestidad, entonces debe decirse todo: hubo sacrificios rituales en ciertas culturas mesoamericanas, sí; pero también hubo genocidio cultural, imposición religiosa, explotación y destrucción por parte de la conquista y del orden colonial, también. Hubo sabiduría ancestral, sí; pero hubo violencia estructural en distintos momentos históricos, también. Hubo resistencia indígena, sí; pero hubo mestizaje y recomposición social, también. Esa totalidad, y no una parte escogida, es la que nos explica.

Hoy más que nunca, en una época donde la política suele simplificarlo todo y las redes sociales reducen la discusión pública a consignas, hace falta defender la complejidad. Y defenderla incluso cuando no genera unanimidad. Incluso cuando rompe con la comodidad de los relatos heroicos. Incluso cuando obliga a aceptar que venimos de una historia dura, a veces dolorosa, pero profundamente formadora.

El Equinoccio tendría que ser un momento para eso: para mirar de frente la densidad histórica de Cholula y de México. No para repetir frases vacías sobre energía y tradición, ni para montar escenografías cómodas al gusto del poder en turno. Mucho menos para esconder aquello que puede generar preguntas difíciles. Porque una sociedad madura no es la que censura su pasado, sino la que aprende a discutirlo sin miedo.

Si se busca un acto más digno, más respetuoso y más pedagógico, entonces que se haga. Pero que se haga desde la verdad. Que se hable del esplendor prehispánico sin omitir sus prácticas rituales. Que se hable de la conquista sin convertirla en un relato plano. Que se reconozca el dolor histórico sin negar la realidad del mestizaje. Que se entienda, en suma, que nuestra identidad no nació de una pureza intacta, sino de una tensión histórica enorme que aún resuena en nuestros símbolos, en nuestras fiestas, en nuestras plazas y en nuestra manera de narrarnos.

La historia no debe servir para tranquilizar conciencias, limpiar discursos oficiales ni fabricar estampas cómodas. La historia debe incomodar cuando sea necesario, porque solo así enseña. Solo así nos obliga a vernos completos. Solo así deja de ser propaganda y se convierte en memoria.

Y si en esta ocasión se ha decidido quitar del centro el tema del sacrificio por petición de la presidenta Tonantzin Fernández, conviene decirlo con claridad: esa decisión podrá modificar el tono del evento, pero no cambiará la verdad histórica. Los hechos no desaparecen porque se omitan en una representación. Lo único que desaparece, cuando eso ocurre, es la honestidad con la que una sociedad se atreve a mirar su propio origen.

Se tiene que decir, Cholula no es todo, tampoco quienes quieren quitar la otra historia de la propia identidad. Los contrastes deben respetarse y las ideas como las crónicas de una historia no escrita debe  respetarse.

No necesitamos una historia cómoda; necesitamos una historia completa. Porque los pueblos que maquillan su pasado terminan por confundir identidad con propaganda, y memoria con espectáculo.

Tan mexicanos con amplias raíces españolas e indígenas. Es nuestro Orgullo.

jueves, 12 de marzo de 2026

Circula información falsa sobre Raymix en el evento Equinoccio 2026 en San Pedro Cholula, el artista ya quitó la publicación




 11 de marzo, 2026. San Pedro Cholula, Pue.- A través de la información que circula en redes sociales sobre la supuesta presentación del artista Raymix en el evento Equinoccio 2026 en San Pedro Cholula, el Ayuntamiento realiza la siguiente aclaración:


La información difundida en la red social del artista no es correcta, ya que no existe confirmación oficial de su participación en el programa del evento.


Cabe señalar que el Ayuntamiento de San Pedro Cholula no ha emitido ningún anuncio oficial sobre la presentación del artista dentro de las actividades del Equinoccio.


Asimismo, reconocemos la trayectoria y el trabajo de Raymix dentro del ámbito musical, por lo que reiteramos nuestro respeto hacia su carrera artística.


El Gobierno Municipal invita a la ciudadanía a consultar únicamente los canales oficiales del Ayuntamiento para conocer la cartelera y programación oficial del Festival Equinoccio 2026, la cual será dada a conocer durante la rueda de prensa que se llevará a cabo el próximo martes 17 de marzo.

Cabe señalar, que el artista ya bajo la publicación.