lunes, 3 de agosto de 2026

La dignidad no tiene edad: la renuncia es un acto de congruencia, no de debilidad

 

EDITORIAL CTIMES

La dignidad no tiene edad: la renuncia es un acto de congruencia, no de debilidad

"La libertad de expresión termina donde comienza la dignidad de los demás."

"¿Perdonarlas?: Sandoval.





Hay momentos en la vida pública en los que el silencio resulta cómplice y la indiferencia se convierte en una forma de renunciar a los principios. Hoy México enfrenta uno de esos momentos.

La polémica generada por las expresiones emitidas por las diputadas poblanas Nay Salvatori y Grace Palomares durante un podcast no debe reducirse a una simple anécdota ni esconderse bajo el argumento de que "era una broma". Cuando quienes ostentan una representación popular utilizan un micrófono para ridiculizar a un sector de la población por su edad y apariencia física, el problema deja de ser privado y adquiere una dimensión institucional.

La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos protege la libertad de expresión en su artículo 6°. La Convención Americana sobre Derechos Humanos hace lo propio en su artículo 13. Sin embargo, ambos instrumentos parten de un principio esencial: el ejercicio de los derechos implica responsabilidades.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación ha sostenido reiteradamente que la libertad de expresión ocupa un lugar preferente en una sociedad democrática. Pero ese reconocimiento no elimina la responsabilidad ética y política de quienes ejercen funciones públicas. Expresarse libremente no equivale a ejercer un derecho sin consecuencias sociales o políticas.

Existe una enorme diferencia entre ejercer la crítica y normalizar el desprecio.

La cronofobia como síntoma de una sociedad superficial

La psicología utiliza el concepto de cronofobia para describir el miedo al paso del tiempo y, en el plano cultural, el rechazo al envejecimiento. Vivimos en una época obsesionada con la juventud, donde parecer joven parece más importante que ser íntegro.

Simone de Beauvoir escribió que una sociedad revela su verdadera naturaleza en la manera en que trata a quienes envejecen.

Ridiculizar la edad de una persona es negar el valor de la experiencia, de la madurez y de la historia de vida.

Todos llegaremos a esa etapa.

Nadie escapa al tiempo.

Porque el tiempo no distingue colores partidistas, cargos públicos ni popularidad.

Como afirma la sabiduría popular:

"Como te ves, nos vimos; como nos vemos, te verás."

La doble moral también discrimina

Ahora imaginemos el escenario contrario.

Supongamos que dos diputados hombres hubieran descrito públicamente el cuerpo de las mujeres maduras con las mismas palabras.

¿La reacción habría sido la misma?

Difícilmente.

Probablemente existirían llamados nacionales por violencia simbólica, misoginia, cosificación y violencia política de género.

Y tendrían razón.

Precisamente por ello resulta inaceptable que cuando el objeto de la burla son los hombres algunos pretendan minimizar los hechos como simples bromas.

La igualdad no consiste en proteger solamente a un género.

Consiste en proteger la dignidad de todos.

Los derechos humanos no tienen sexo.

La dignidad tampoco.

La política exige ejemplo

Un diputado no deja de representar al pueblo cuando enciende una cámara.

No deja la investidura al entrar a un estudio de grabación.

Cada palabra pronunciada por un representante popular impacta la credibilidad de las instituciones que representa.

Quien recibe un mandato ciudadano debe conducirse con prudencia, templanza y respeto.

La investidura obliga.

La representación compromete.

La palabra construye o destruye.

Por ello, reducir este episodio a una "ocurrencia" equivale a trivializar el enorme compromiso ético que implica servir al pueblo.

No es venganza; es congruencia

Desde este espacio editorial no promovemos campañas de odio ni linchamientos públicos.

No llamamos a responder con insultos.

No alentamos la violencia digital.

Creemos, por el contrario, que la democracia exige serenidad, pero también firmeza.

Cuando un servidor público pierde la autoridad moral para representar a la ciudadanía, la consecuencia política más honorable es asumir la responsabilidad de sus actos.

Por ello, CTIMES considera que las diputadas involucradas deberían presentar su renuncia a las responsabilidades de representación que desempeñan y poner a disposición de las instancias competentes de su partido su militancia y sus cargos partidistas para que sean evaluados conforme a sus normas internas.

No se trata de una condena anticipada ni de sustituir a las autoridades competentes. Se trata de una exigencia política basada en la congruencia y en la rendición de cuentas. Quienes aspiran a representar al pueblo deben aceptar que el escrutinio público incluye valorar si su conducta es compatible con los principios que dicen defender.

Una disculpa puede reparar parcialmente el daño.

Pero la confianza ciudadana se reconstruye con actos.

No únicamente con discursos.

La vida termina enseñando

Existe una justicia silenciosa que ningún tribunal necesita administrar.

Se llama tiempo.

El tiempo devuelve humildad a quienes alguna vez confundieron la fama con superioridad.

El tiempo recuerda que la belleza física es pasajera.

Que el poder es temporal.

Que los cargos concluyen.

Que los aplausos terminan.

Y que solamente permanece el legado moral.

Ayudar al prójimo sin esperar recompensa.

Respetar a quien piensa distinto.

Honrar la palabra.

No deshonrar el apellido familiar.

No utilizar el poder para humillar.

No convertir la libertad de expresión en libertinaje verbal.

Esa debería ser la verdadera escuela de cualquier político.

Porque un buen servidor público no degrada.

No ridiculiza.

No discrimina.

No humilla.

Sirve.

Reflexión final

México atraviesa tiempos de polarización que exigen prudencia, diálogo y respeto. La violencia verbal, venga de donde venga, erosiona la convivencia democrática y debilita la confianza en las instituciones.

La igualdad entre mujeres y hombres no puede sostenerse sobre agravios recíprocos. Debe edificarse sobre el reconocimiento de que toda persona posee la misma dignidad y merece el mismo respeto.

La libertad de expresión es uno de los mayores logros de la democracia.

Pero pierde su sentido cuando se utiliza para denigrar al semejante.

No confundamos la irreverencia con inteligencia.

Ni el humor con humillación.

Ni la libertad con el libertinaje.

Porque la historia siempre termina recordando una verdad sencilla:

La verdadera grandeza de un ser humano no está en cómo habla cuando todos lo aplauden, sino en el respeto con el que trata a quienes jamás deberían ser objeto de burla.

Y, al final, la vida pronuncia una sentencia que nadie puede evitar:

"Como te ves, nos vimos; como nos vemos, te verás."

No hay comentarios: