miércoles, 1 de julio de 2026

PAN y Morena en Puebla: dos colores, una misma crisis de representación política

 

PAN y Morena en Puebla: dos colores, una misma crisis de representación política




Fernando Sandoval

La política poblana atraviesa uno de los momentos más complejos de las últimas décadas. Si durante muchos años la competencia electoral se explicaba por la confrontación entre dos proyectos ideológicos claramente diferenciados, hoy esa distancia parece haberse reducido hasta convertirse, en muchos casos, en una disputa por el control del poder más que por la defensa de principios doctrinarios.

En teoría, el Partido Acción Nacional (PAN) representa una visión humanista, conservadora, de libre mercado, respeto a las instituciones y fortalecimiento de la iniciativa privada. Por su parte, Morena nació como un movimiento de izquierda que prometía combatir la corrupción, reducir la desigualdad social, privilegiar a los sectores históricamente olvidados y transformar la vida pública mediante un nuevo modelo de gobierno.

Sin embargo, la realidad política en Puebla parece demostrar que entre ambos partidos existen hoy menos diferencias de las que sus propios discursos pretenden hacer creer.

La batalla electoral continúa siendo intensa, pero el debate ideológico prácticamente ha desaparecido. Hoy no se confrontan proyectos de nación; se confrontan estructuras de poder.

La transformación del PAN

El PAN poblano vive una crisis de identidad.

Durante décadas construyó un discurso basado en la honestidad administrativa, el fortalecimiento institucional y la formación política de sus cuadros. Sin embargo, conforme avanzaron los procesos electorales y la necesidad de conservar espacios de poder se convirtió en prioridad, ese mismo partido comenzó a modificar sus prácticas.

Hoy es común observar perfiles provenientes de partidos históricamente adversarios incorporándose al panismo sin una verdadera coincidencia ideológica.

En distintos municipios de Puebla, particularmente en la región cholulteca, Acción Nacional ha abierto sus puertas a personajes provenientes del extinto PRD, del PRI e incluso a actores que durante años combatieron políticamente al propio PAN.

La lógica dejó de ser doctrinaria para convertirse en meramente electoral.

Lo importante ya no parece ser compartir principios.

Lo importante es sumar votos.

En San Pedro Cholula esta situación resulta evidente.

Mientras existen militantes con años de trabajo territorial, formación política y presencia ciudadana, las dirigencias parecen privilegiar perfiles externos únicamente porque presumen determinados números electorales.

Paradójicamente, muchos de esos "números" nunca han sido probados mediante campañas competitivas.

Nunca han recorrido verdaderamente las comunidades.

Nunca han enfrentado procesos electorales complejos.

Sin embargo, son considerados mejores opciones que quienes durante años sostuvieron al partido.

La consecuencia es inevitable.

La militancia comienza a sentirse desplazada.

Los simpatizantes dejan de creer.

Y la ciudadanía observa exactamente el mismo fenómeno que durante décadas criticó del PRI: las candidaturas como acuerdos de grupos y no como reconocimiento al mérito político.

Morena y la contradicción permanente

Morena llegó al poder bajo una narrativa profundamente distinta.

Prometió terminar con los privilegios.

Combatir el nepotismo.

Eliminar la corrupción.

Acabar con los excesos del viejo régimen.

Gobernar para los pobres.

Pero la práctica política ha mostrado múltiples contradicciones.

El discurso de "primero los pobres" convive hoy con una nueva clase política que disfruta de los privilegios del poder exactamente igual que aquellos a quienes durante años señalaron.

Se critica el pasado mientras se reproducen muchas de sus prácticas.

Se condena el nepotismo mientras familiares ocupan cargos públicos.

Se denuncia el influyentismo mientras continúan apareciendo recomendaciones políticas.

Se habla de austeridad mientras el aparato gubernamental crece en estructuras de comunicación y propaganda.

Morena dejó de ser movimiento para convertirse en gobierno.

Y gobernar exige mucho más que repetir consignas.

La política del espectáculo

Otro fenómeno que caracteriza tanto al PAN como a Morena es la creciente sustitución de perfiles técnicos por perfiles mediáticos.

Cada proceso electoral incorpora más personajes provenientes del espectáculo, de los medios de comunicación, de las redes sociales o de actividades completamente ajenas al servicio público.

La fama parece haber sustituido a la experiencia.

La popularidad desplaza a la preparación.

La improvisación reemplaza al conocimiento.

El resultado es visible.

Congresos con pocas iniciativas relevantes.

Debates legislativos superficiales.

Escasa producción parlamentaria.

Y una preocupante ausencia de propuestas de largo plazo.

La política dejó de ser un espacio para construir políticas públicas.

Hoy, en muchas ocasiones, parece convertirse simplemente en un escenario de promoción personal.

El uso político de los medios

También preocupa la relación entre algunos actores políticos y determinados medios de comunicación.

Existen casos donde periodistas o comunicadores han transitado directamente hacia cargos públicos o candidaturas.

Ese tránsito, por supuesto, es completamente legítimo dentro de una democracia.

Lo cuestionable aparece cuando durante años utilizaron espacios informativos para construir ventajas personales, atacar adversarios o defender intereses políticos específicos.

La frontera entre periodismo y propaganda se vuelve entonces peligrosamente delgada.

Y cuando eso ocurre, quien pierde es la ciudadanía.

Porque deja de recibir información para comenzar a recibir campañas disfrazadas de noticias.

La pobreza como estrategia electoral

Uno de los temas más delicados es la utilización permanente de programas sociales con fines políticos.

Nadie puede negar que muchas familias requieren apoyo gubernamental.

Sería irresponsable afirmarlo.

Sin embargo, una cosa es construir políticas públicas que reduzcan la pobreza.

Y otra muy distinta administrar la pobreza para convertirla en capital electoral.

Las despensas.

Los apoyos económicos.

Los programas asistenciales.

Todos pueden ser herramientas legítimas de bienestar.

Pero jamás deben convertirse en instrumentos de dependencia política.

La verdadera política social genera ciudadanos libres.

No electores cautivos.

Puebla y el gobierno de la narrativa

En Puebla resulta cada vez más evidente una estrategia de comunicación basada en responsabilizar permanentemente a las administraciones anteriores.

Cada problema encuentra rápidamente un culpable histórico.

Las inundaciones.

Las obras inconclusas.

La inseguridad.

Los problemas financieros.

Todo parece tener origen exclusivamente en gobiernos pasados.

Sin embargo, gobernar implica precisamente resolver aquello que se recibe.

Las administraciones no son elegidas para explicar problemas.

Son elegidas para solucionarlos.

Cuando un gobierno, después de varios años, continúa atribuyendo sus dificultades exclusivamente al pasado, inevitablemente comienza a transmitir una imagen de incapacidad.

Porque la ciudadanía espera resultados.

No justificaciones.

La experiencia también gobierna

Resulta preocupante observar cómo diversas áreas estratégicas son ocupadas por perfiles cuya principal virtud parece ser la cercanía política.

La administración pública exige conocimiento.

Planeación.

Capacidad técnica.

Visión de largo plazo.

No basta la lealtad.

No basta el activismo.

No basta la popularidad.

Gobernar requiere preparación.

Las recientes contingencias derivadas de lluvias intensas, problemas de infraestructura, movilidad, crecimiento urbano y protección civil han evidenciado que la naturaleza no distingue colores partidistas.

Las lluvias no preguntan quién gobierna.

Simplemente llegan.

Y los gobiernos deben estar preparados.

La prevención constituye una obligación institucional, no una opción política.

Cuando las respuestas llegan tarde, cuando predominan las explicaciones sobre las soluciones, la percepción ciudadana comienza a deteriorarse.

La oposición también tiene responsabilidades

Pero tampoco el PAN puede asumirse como alternativa automática.

Después de décadas gobernando diversos municipios poblanos, también carga con responsabilidades.

Muchos ciudadanos identifican al panismo con los mismos grupos de siempre.

Las mismas familias.

Los mismos liderazgos.

Los mismos operadores.

Las mismas disputas internas.

Las mismas promesas incumplidas.

La renovación generacional ha sido lenta.

Y cuando aparece, muchas veces queda subordinada a los intereses de quienes durante años controlaron las decisiones partidistas.

La región cholulteca como espejo político

La región de Cholula resume perfectamente esta realidad.

Los ciudadanos observan cómo los partidos intercambian perfiles.

Los antiguos adversarios hoy son aliados.

Los viejos críticos hoy aparecen fotografiados juntos.

Los discursos cambian dependiendo de quién ocupa el gobierno.

Y las convicciones parecen durar únicamente hasta la siguiente elección.

La consecuencia es una creciente desconfianza ciudadana.

Cada vez más personas consideran que los partidos únicamente cambian de color.

No de prácticas.

La ciudadanía ya cambió

Existe un error que muchos actores políticos siguen cometiendo.

Creen que la sociedad continúa reaccionando igual que hace veinte años.

No es así.

Hoy existe acceso inmediato a la información.

Las redes sociales permiten contrastar discursos.

Los ciudadanos recuerdan declaraciones pasadas.

Las contradicciones permanecen registradas.

La memoria digital hace imposible borrar los cambios de postura.

Por ello resulta cada vez más difícil sostener narrativas construidas exclusivamente desde el aparato gubernamental o desde las dirigencias partidistas.

La ciudadanía compara.

Analiza.

Y cada vez castiga con mayor facilidad la incongruencia.

El desafío rumbo al próximo proceso electoral

El proceso electoral que se aproxima será una prueba para todos los partidos.

No bastarán los programas sociales.

No bastarán las campañas de imagen.

No bastarán los espectaculares.

No bastarán los discursos de confrontación.

Tampoco bastará señalar a gobiernos anteriores como responsables de todos los problemas.

La ciudadanía comenzará a preguntar por resultados.

Por proyectos.

Por capacidades.

Por perfiles.

Y sobre todo por credibilidad.

Porque la confianza política se construye con hechos, no con propaganda.

Finalmente, 

Las diferencias ideológicas entre el PAN y Morena continúan existiendo en sus documentos básicos, en sus declaraciones de principios y en sus discursos oficiales. Sin embargo, en la práctica política poblana esas diferencias se han reducido considerablemente debido a estrategias similares de construcción de poder, selección de candidaturas, alianzas pragmáticas y decisiones orientadas más a la rentabilidad electoral que a la coherencia doctrinaria.

La percepción de una parte de la ciudadanía es que ambos partidos han terminado privilegiando intereses políticos por encima de sus principios fundacionales. Esa percepción, aunque discutible y sujeta al debate democrático, refleja un desafío real para todas las fuerzas políticas: recuperar la confianza pública mediante gobiernos eficaces, transparentes y con resultados medibles.

Más que el color de un partido, lo que determinará el futuro político de Puebla será la capacidad de sus dirigentes para responder a problemas concretos con políticas públicas sólidas, rendición de cuentas y apertura a la crítica. Una democracia madura requiere oposición responsable, gobiernos que asuman sus aciertos y errores, y ciudadanos informados que evalúen el desempeño de sus representantes más allá de la retórica partidista.

La sociedad poblana parece haber entrado en una nueva etapa: una en la que las lealtades partidistas pesan menos que los resultados. Ese será, probablemente, el verdadero desafío para quienes aspiren a gobernar en los próximos años.  

Primera Llamada. 

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