San Andrés Cholula Puebla.- San Andrés Cholula es un municipio rico en historia, costumbres y profundas expresiones de religiosidad popular. Sin embargo, también es una comunidad donde, en ocasiones, las rivalidades, los protagonismos y la defensa de intereses particulares terminan por imponerse sobre el verdadero sentido de la fe y de las tradiciones.
La mañana de este día, un grupo de fieles que se preparaba para participar en una peregrinación hacia el Santuario de Nuestra Señora de los Remedios, en el cerro del Tlachihualtépetl, acudió a la parroquia de San Andrés Apóstol vestidos de blanco y portando sombreros como parte de una costumbre arraigada en esta manifestación religiosa.
Sin embargo, lo que llamó la atención de varios asistentes fue que, en plena celebración eucarística, la imagen de San Andrés Apóstol fue retirada del templo para encabezar la peregrinación, situación que generó inquietud y comentarios entre algunos feligreses, quienes consideraron que el momento no era el adecuado para realizar dicha acción.
Otros, en cambio, respondieron con una frase que refleja una realidad preocupante: "siempre se ha hecho así". Pero el hecho de que una práctica se repita durante años no necesariamente la convierte en correcta. Las costumbres deben preservar su esencia y su sentido religioso, no convertirse en acciones mecánicas que terminen restando solemnidad al acto más importante para la Iglesia católica: la celebración de la Eucaristía.
Desde la perspectiva de la tradición católica y de la religiosidad popular de Cholula, no es lo habitual sacar una imagen patronal durante una celebración eucarística sin una coordinación previa con el sacerdote y sin las muestras de reverencia acostumbradas.
La misa es considerada por la Iglesia el acto litúrgico más importante. Por ello, en términos litúrgicos:
- La Eucaristía tiene prioridad sobre cualquier procesión o peregrinación.
- Los movimientos de imágenes dentro del templo suelen hacerse con orden y, de ser posible, antes o después de la misa.
- Cuando una imagen sale del templo, normalmente existe una señal de respeto: una venia, una oración, el acompañamiento del sacerdote o la autorización de las autoridades eclesiásticas y de la mayordomía correspondiente.
En muchas comunidades de Cholula, además, existe la costumbre de realizar una "caravana", despedida o acto simbólico de respeto al santo patrono. Omitir estas formas puede ser interpretado por algunos fieles como una falta de consideración hacia la imagen, hacia la comunidad y hacia el sacerdote que preside la celebración.
Ahora bien, también conviene distinguir entre:
- Falta de protocolo o de tradición: cuando quienes trasladan la imagen simplemente priorizan cumplir con la peregrinación y no siguen las costumbres locales.
- Falta de respeto deliberada: cuando se hace con intención de desafiar la autoridad religiosa o ignorar conscientemente la solemnidad de la misa.
Si San Andrés Apóstol fue retirado del templo en plena consagración o durante un momento central de la Eucaristía, sin aviso ni coordinación, muchos católicos considerarían el hecho como impropio y una falta de respeto litúrgica. Si ocurrió en otro momento de la misa y con algún acuerdo previo, podría tratarse más bien de una decisión organizativa discutible.
Dentro de la tradición católica ordinaria, no es lo normal interrumpir o restar solemnidad a una misa para sacar una imagen a una peregrinación; la celebración eucarística está por encima de cualquier manifestación de religiosidad popular. La devoción a la Virgen de los Remedios y la devoción a San Andrés Apóstol no deberían estar enfrentadas, sino complementarse dentro del respeto a la liturgia y a las costumbres de la comunidad.
La religiosidad popular forma parte de la identidad de los pueblos y merece ser respetada y conservada. Sin embargo, las procesiones, peregrinaciones y festividades deben caminar en armonía con la liturgia y no por encima de ella. La devoción a San Andrés Apóstol y a la Virgen de los Remedios no son expresiones enfrentadas, sino manifestaciones de una misma fe que debería unir y no dividir.
Quizá ha llegado el momento de que las autoridades eclesiásticas, las mayordomías y los grupos de tradición dialoguen y establezcan acuerdos que permitan preservar las costumbres sin afectar el orden y la solemnidad de las celebraciones religiosas.
Porque las tradiciones fortalecen la identidad de un pueblo, pero el respeto es el que les da verdadero sentido. Y ninguna costumbre debería justificarse únicamente bajo el argumento de que "siempre se ha hecho así", especialmente cuando existen voces dentro de la propia comunidad que consideran necesario reflexionar y recuperar el valor de la reverencia, la prudencia y el respeto dentro de los espacios sagrados.
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