¿Hasta cuándo los cholultecas recuperarán el sentido de humanidad?
LA falta de moralidad y valores de los funcionarios públicos, y eternos aspirantes.
Fernando Sandoval
Analista político.
Los recientes fenómenos naturales han dejado al descubierto una realidad que duele y preocupa: la sociedad parece estar perdiendo la capacidad de conmoverse por el sufrimiento humano. Mientras las lluvias provocan afectaciones, pérdidas materiales y momentos de incertidumbre para cientos de familias, las redes sociales se convierten en escenarios de discusiones interminables, indignaciones selectivas y posturas que, muchas veces, parecen más encaminadas a obtener reconocimiento que a generar soluciones.
Nadie puede cuestionar la importancia de proteger a los animales, preservar los árboles o cuidar el medio ambiente. Todas son causas legítimas y necesarias. Sin embargo, resulta inevitable preguntarse si esa misma pasión se refleja cuando una familia pierde parte de su patrimonio, cuando un adulto mayor requiere ayuda, cuando un comerciante ve afectada su fuente de ingresos o cuando una colonia completa enfrenta las consecuencias de las lluvias.
La humanidad no puede ser parcial. No puede existir únicamente para las causas que generan más "likes", más seguidores o mayor exposición mediática. La solidaridad auténtica se demuestra en los hechos, no en las publicaciones.
Cholula siempre se caracterizó por ser una comunidad unida, solidaria y cercana a sus tradiciones. Durante muchos años, ante cualquier desgracia, los vecinos se organizaban para apoyar, compartir alimentos, limpiar calles o tender la mano a quien lo necesitara. Hoy, en cambio, pareciera que la confrontación y la polarización han sustituido al espíritu comunitario.
Más preocupante aún resulta observar cómo algunos actores políticos y aspirantes a cargos públicos aprovechan cualquier circunstancia para construir discursos supuestamente en defensa del pueblo. Se presentan como representantes de las causas sociales, hablan de justicia, de defensa de los ciudadanos y de cercanía con la gente; sin embargo, en numerosas ocasiones, esas posturas terminan evidenciando intereses personales, proyectos de grupo o aspiraciones de poder.
La tragedia de otros no puede convertirse en plataforma electoral ni en instrumento de posicionamiento político. El dolor de las familias afectadas no debería ser utilizado como escenario para la promoción personal.
Existe una enorme diferencia entre servir a la gente y utilizar a la gente. Quien verdaderamente tiene vocación social trabaja en silencio, ayuda sin esperar reflectores y permanece presente aun cuando no hay cámaras, campañas o beneficios políticos de por medio.
Lamentablemente, la demagogia se ha convertido en una práctica frecuente. Se prometen soluciones imposibles, se lanzan discursos cargados de emotividad y se busca convencer a la población mediante narrativas que apelan al enojo o al resentimiento. Pero una cosa son las palabras y otra muy distinta son los resultados.
Los ciudadanos merecen líderes con sensibilidad, pero también con capacidad; personas que entiendan que gobernar no significa confrontar permanentemente, sino construir acuerdos y ofrecer respuestas reales a los problemas cotidianos.
Asimismo, es necesario reconocer que detrás de muchas organizaciones, movimientos y supuestas luchas sociales, en ocasiones existen intereses políticos, económicos o personales que poco tienen que ver con las verdaderas necesidades de la población. Escudarse en la defensa de las tradiciones, del territorio o de las causas populares no debería convertirse en un mecanismo para obtener espacios de poder o privilegios.
La ciudadanía debe aprender a distinguir entre quienes realmente trabajan por el bienestar colectivo y quienes solamente utilizan las causas sociales como un medio para alcanzar objetivos particulares.
Porque al final, la humanidad no se mide por los discursos, sino por las acciones. No se demuestra con fotografías, publicaciones o declaraciones grandilocuentes, sino con la capacidad de tender la mano al que sufre, de actuar con empatía y de anteponer el interés común sobre las ambiciones personales.
Cholula necesita recuperar el valor de la solidaridad, de la comunidad y del respeto mutuo. Necesita menos protagonismos y más resultados; menos demagogia y más compromiso; menos divisiones y más humanidad.
La pregunta sigue vigente:
¿Hasta cuándo los cholultecas volverán a poner a las personas por encima de los intereses, de las redes sociales y de las ambiciones políticas?
Mientras tanto, muchos van a misa, pregonan moralidad religiosa, pero cagan diablos. como en los coros, no pueden verse juntos porque se celan.
Vergüenza.
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